Ciclo de conferencias y de diálogo reflexivo
18/05/2011iclo de conferencias y de diálogo reflexivo:
18 de Mayo-6º Foro: Elecciones en las Comunas
Luego de la apertura a cargo de la Lic.Ma. Martha Herz-Fundación OSDE-escuchamos a los expositores invitados:
Dr Sergio Abrevaya-Legislador de la Ciudad de Buenos Aires
Dr.Rafael A. Gentilli-Presidente de la Comisión de Descentralización-Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires
Lic. Ileana Pizarro-Directora Operativa de Logística Electoral de la Ciudad de Buenos Aires
Y a los panelistas invitados:
Arq.Andrés Borthagaray-Director Ejecutivo-COPE-Comisión Planificación Estratégica
Dr.Jorge Rodriguez Mancini-Representante de OSC-Org. Sociedad Civil
Lic.María Belén Silva- Vecina Comuna 2
La moderadora fue la Sra. Marie Louise Martin-Presidenta de Fundación Americana para la Educación
Hubo preguntas del público entablándose un esclarecedor diálogo


Estoy impactada y agradablemente sorprendida por esta iniciativa de la Confraternidad de dialogo abierto por la paz. Pienso que los caminos del dialogo son muy importantes para re-unir a los hombres de buena voluntad, y ayudar al propósito que necesitamos en la sociedad,con valores y solidaridad.
La culpa la tubo el otro
De Cualquier diccionario se puede obtener el significado de chivo expiatorio
El chivo es el macho joven de la cabra, mientras que «expiar» se entiende como la acción de purificarse de las culpas por medio de algún sacrificio.
La expresión proviene de un ritual del antiguo pueblo de Israel para el cual se elegían dos chivos. Mediante el azar se elegía uno como ofrenda a Yahveh, que era sacrificado por el sacerdote durante el rito; el otro era cargado con todas las culpas del pueblo judío, y entregado al demonio Azazel. Este último, conocido como chivo expiatorio, era abandonado en mitad del desierto, acompañado de insultos y pedradas.
En la actualidad se utiliza la expresión para denominar a aquél que ha pagado las culpas de la gran mayoría, librando a estos de represalias, o al que se le atribuye este papel por razones ulteriores en el discurso político o social.
Hay un monologo del inevitable Tato Bores que data del 12 de julio de 2007
Lo Titulo como la antológica película de 1950 de Luis Sandrini “”La culpa la tubo el otro, por Tato Bores
Luego de las ostensibles rememoraciones de la renuncia a la presidencia del honesto y ético Doctor Fernando de la Rúa exorbitantes Excesivo, fuera de la medida normal.
Con un despliegue comunicacional que según se podo ver y escuchar por TV pasaba del duelo cívico la mas florida demostración del manejo de medios de comunicación de alta generación y costo que exacerbaban, ostentaban, desnaturalizaban lo hechos dramáticos y sangrientos
La culpa de todo la tiene el ministro de Economía, dijo uno. ¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.
¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.
¡Falso! dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.
¡Pero, por favor…! dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.
¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.
¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba “Haga su propio curro” pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.
¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el Ombligo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.
¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.
¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los comunistas.
¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.
¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.
¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.
¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.
¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.
¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.
¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.
¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la tienen los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.
¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.
¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.
¡Negativo! dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.
¡Ustedes están del coco! dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.
¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.
¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo Yankee.
That´s not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).
¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.
¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.
¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.
¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón. Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro.
¡El Otro siempre tiene la culpa!
¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.
Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de Hijo de put… que resultó ser El Otro
Todo lo suscripto tiene que ver con alguien que es un icono del periodismo democrático. El gran cordobés Alfredo Leuco. Quien para mi es referencial para comprender nuestra realidad socio política
Pero aquí viene la critica honorable (de honor), y los escándalos
Por momentos olvido las causas del fracaso de ese año y pico ex presidente.
El y la gran mayoría periodística con un incremento según la cercanía del poder K
El gobierno de 10 años anteriores de Menen de entrega a la banca mundial, regalías, robos para la corona y familia, deterioro, desaparición del federalismo, fraudes, peculado, gastos despampanantes, desocupación, cierre de industrias de todo tipo, bochornos diplomáticos, deterioro de índices bien claros de salud, educación, ingreso de la droga a gran escala y custodiada por instituciones del mismo estado, gastos monárquicos, construcciones absurdas.
Dolorosísima y permisiva inactividad legislativa y la corrupción judicial.
Aun están los escaparates de las causas pero Menen en el Senado
¡El Otro siempre tiene la culpa!
Gracias a los inmortales Tato Bores y Luis Sandrini
Héctor Claudio Palazzo
Olivos
22/12/11
09 Abr. 2012
De Alfredo Leuco
Golpe a los carapintadas
Golpe a los carapintadas
“Felices Pascuas, la casa está en orden”.
Ya pasaron 25 años de aquel discurso.
Quienes estuvimos en la plaza, jamás olvidaremos ese día en que el pueblo en la calle frenó un golpe de estado por primera vez en la historia.
Ya pasaron 25 años y recuerdo el coraje cívico de miles y miles de personas que fueron a defender la democracia frente a los carapintadas que se habían levantado en armas.
Había de todo.
Columnas partidarias organizadas y muchas personas no encuadradas, muchos ciudadanos de a pie que fueron a poner el cuerpo para sostener la libertad y las instituciones.
Y en esos momentos los militares todavía tenían poder y poder de fuego.
Todavía conspiraban y muchos sectores se negaban a someterse a la ley y al único comandante en jefe de las Fuerzas Armadas constitucional que es el presidente de la Nación.
Esos levantamientos de los carapintadas si que fueron destituyentes.
Con tanques, con cuarteles tomados, con insubordinación de tropas, armados hasta los dientes y pintados para la guerra.
“El chapulín colorado”, le decían a Alfonsín y lo acusaban de ser marxista y vengativo.
Era el pasado más nefasto, el terrorismo de estado criminal que se resistía a dejarle paso a la soberanía popular.
Hoy a la distancia, uno escucha que para el vicepresidente Amado Boudou y otros oficialistas, los destituyentes o los que conspiran contra la democracia son los medios de comunicación o algunos jueces y no puede creer semejante nivel de frivolidad.
Aquellos carapintadas con fusiles en las manos si que conspiraron contra la democracia.
Por suerte todos los partidos políticos estuvieron defendiendo la investidura de Alfonsín y su gobierno.
Recuerdo que el peronismo, en lugar de ayudar a los golpistas como hubiera sido en otro momento de la historia, se sumó al balcón para sostener al gobierno elegido por el pueblo.
Antonio Cafiero dio una vuelta de página y estuvo donde tenía que estar. Igual que los liberales de Adelina Dalesio de Viola.
O los partidos de izquierda. De los radicales ni hablar. El partido de Alfonsín movilizó hasta su último militante.
“Ojo con tocarlo a Raúl”, gritaban emocionados.
Soy un convencido de que la movilización a Plaza de Mayo y a otras plazas del país puso un límite definitivo al golpismo.
La gente común, hastiada de muerte y autoritarismo, apostó a la vida y la paz y fue a poner el cuerpo.
Los diarios de la época hablan de 500 mil personas.
Eran familias enteras que pusieron su corazón a disposición, frente a la Casa Rosada y que estaban dispuestos a marchar sobre los cuarteles si era necesario.
Insisto: en esos tiempos, hace 25 años, si se corrían riesgos.
La dictadura estaba a la vuelta de la esquina. Se había retirado solo formalmente del poder. Estaban agazapados.
Ya pasaron 25 años de aquellas “Felices Pascuas la casa está en orden” y no puedo ignorar que también se puede hacer otra lectura de aquellos días de furia, de personajes nefastos como Aldo Rico o Seineldín, entre otros subversivos.
Fueron momentos de mucha tensión.
Pudo haber sido una masacre, el comienzo de una guerra civil.
Alfonsín salió al balcón exactamente a las 14.40 horas.
A la multitud se le cortó el aliento. Dijo con voz de mando que se iba en helicóptero a Campo de Mayo para ordenarle que se rindieran a los sediciosos.
Todos ovacionamos su coraje y quedamos a disposición.
En muchas plazas del país pasaba lo mismo.
La bronca contra la dictadura hervía en la sangre. Mucha gente fue cercando las unidades militares rebeldes.
Eran espontáneos que estaban dispuestos a ponerle el pecho a las balas.
El país estaba paralizado. Era un polvorín a punto de estallar.
Miles y miles de ciudadanos democráticos desarmados frente a cientos de militares dispuestos a todo.
El presidente rezó unos minutos en la capilla y se fue al territorio enemigo sin custodias ni escolta.
Cuando volvió fue más cauto en su lenguaje. Ya no eran sediciosos eran hombres amotinados.
¿Se acuerda de ese momento? “Compatriotas, felices pascuas, los hombres amotinados han depuesto su actitud.
Como corresponde, serán detenidos y sometidos a juicio”.
Un balde de agua fría cayó sobre mucha gente que sospechó que Alfonsín había negociado.
En términos jurídicos, amotinados no era lo mismo que sediciosos.
Encima después dijo que eran héroes de Malvinas y empezaron los primeros silbidos.
Sobre todo de la izquierda y del peronismo. ¿Héroes de Malvinas? ¿Era el momento de decir eso?.
¿Cuál era el motivo de ese elogio para quienes unas horas atrás eran fanáticos golpistas?
Después se levantaron dos veces más contra decisiones de la frágil democracia.
Alfonsín nunca se arrepintió de haber dicho lo que dijo, pero admite que se pudo haber equivocado.
Para muchos argentinos su prudencia y responsabilidad evitó el baño de sangre.
Para otros, esa actitud les sonó a perdón y a negociación.
Muchos se sintieron defraudados, traicionados por Alfonsín.
Creyeron que había claudicado y que había cedido a los reclamos de los carapintadas.
La historia irá acomodando los tantos en el camino.
Para muchos fue la primera gran desilusión en democracia y para otros fue la capacidad de un estadista que resolvió el problema con el menor costo posible en vidas.
Alfonsín juró una y mil veces que no hubo pacto ni repliegue.
Al final de su discurso dijo que “Hoy podemos dar gracias a Dios, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”.
Lo cierto es que 44 días después la Cámara de Diputados sancionó la Ley de Obediencia Debida que era el principal reclamo de los carapintadas.
Después vino el Punto Final y el Indulto de Menem.
Pero aquel domingo de Semana Santa, Raúl Alfonsín pagó un costo político.
Se quebró ese romance entre su figura y parte de la multitud.
Ese liderazgo arrollador comenzó a desmoronarse y lo pagó en las elecciones.
Es uno de los grandes dilemas de los argentinos de aquel día, hace 25 años. Porque ambas cosas resultaron ciertas.
Aquel día fue el comienzo del fin de su gobierno pero también el comienzo del fin de las dictaduras en Argentina.
Fue el verdadero Nunca Más.
El tiempo en que se ofendio a la democracia
Hubo un tiempo en que Tomás Eloy Martínez ofendioa a la democracia y radicalismo. Fue en el 65, cuando arreciaba la ofensiva de ciertos medios de prensa destinada a desacreditar al gobierno de Arturo Illia. Ofensiva que abonaría el cultivo para el golpe de junio del 66 que terminó con aquella administración.
El abogado Emilio Gibaja es uno de los radicales que mantiene enojos por el rol que, a su criterio, cumplió Tomás Eloy Martínez en aquella campaña. Gibaja, 74 años, tiene forjada una dilatada trayectoria en la UCR, partido al que ingresó siendo muy joven. Como presidente de la FUBA, en los primeros años de la década del 50 militó en el antiperonismo duro, posición que le acarreó cárcel y tortura junto -entre otros dirigentes estudiantiles- a Félix Luna, por entonces titular del Centro de Estudiantes de Derecho.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Gibaja fue secretario de Información Pública. En dos libros de aparición en los últimos años, Gibaja recuerda muy mal a Tomás Eloy Martínez en relación a los días de Illia. En uno de ellos -”La Democracia Derrrotada. Arturo Illia y su época” (Edt. Lumiere, 2008), con prólogo de Marcos Aguinis y del que Gibaja es autor junto con el periodista Rodolfo Pandolfi- no se nombra a Tomás Eloy Martínez. ¿Cuál es el motivo del enojo?: una entrevista formulada por el periodista a la esposa de Illia, Silvia Martorell. “El reportaje fue hecho por Tomás Eloy y si nosotros ahora no lo nombramos es por? qué se yo? esas cosas”, señaló Gibaja tiempo atrás a este diario.
La entrevista fue publicada en la edición del 17 de agosto de 1965. A juzgar de Pandolfi-Gibaja (págs. 79/80), tuvo como objetivo ridiculizar a la esposa del mandatario. Los autores del libro abundan en apreciaciones sobre la nota. “Silvia Martorell de Illia, una mujer enferma que moriría un año más tarde, fue elegida por la revista golpista ´Primera plana´ como blanco de ridículo. Se le hizo un reportaje siniestro mediante el sistema de textualizar en forma absoluta todo lo que decía, incluyendo los modismos argentinos y las observaciones marginales del momento”, sostienen Gibaja-Pandolfi con abundancia de observaciones sobre la intencionalidad de la entrevista. Publican incluso el reproche que, por el estilo aplicado, le formula a Tomás Eloy Martínez días después de la publicación el ya desaparecido periodista Osiris Troiani.
Gibaja también aborda el tema en una entrevista que el polémico historiador Felipe Pigna le realiza sobre la caída de Illia para su libro “Lo pasado pensado” (Edt. Planeta).
Ahí, al reflexionar sobre la actitud de la prensa en relación a la administración Illia, Gibaja precisa: “Se veía que toda o casi toda la prensa del país estaba en la campaña para desprestigiarlo y no se hacía nada.
“Los semanarios ´Primera Plana´ y ´Confirmado´ estaban en la campaña total con Mariano Montemayor, con Jacobo Timerman, con todos ellos. Ciertos intelectuales de izquierda estaban jugando al golpe. Y la derecha ni hablar. Timerman era un golpista enfervorizado, tenía de socio al comodoro Güiraldes, que era golpista. Llegaron a las cosas pequeñas. Le encargaron a Tomás Eloy Martínez un reportaje a la señora de Illia y la hizo quedar como una señora gorda que no sabía hablar. Era maestra la señora Ema. Un reportaje con tan mala leche, porque uno lo ve escribir ahora y uno dice: ´A la pucha, qué bien escribe este tipo, como se rebajó a una cosa así´. Montemayor, facho total, franquistas todos. ´Primera Plana´ y ´Confirmado´ estaban decididos a la campaña anti-Illia. Parte de ´Clarín´ a veces y los canales privatizados, lo mismo. Illia no quería usar Canal 7 para defenderse ni para difundir nada”.
Es tal el desprecio por la libertad de expresión de quienes nos gobiernan y su autoritario entorno que estas reflexiones de la Dra. Gudici creó son más que oportunas.
El desprecio hacia la prensa
Por
Silvana Giudici
El presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, visitó nuestro país el 9 del mes actual y mantuvo una reunión con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la residencia de Olivos durante 45 minutos.
Luego del encuentro, y ante el requerimiento periodístico, el vocero presidencial se limitó a contestar: “Se reunieron para tratar cosas normales entre presidentes”.
Que la sorpresiva visita del presidente uruguayo, enmarcada en un contexto de conflictividad internacional debido a las restricciones impuestas por nuestro país al comercio exterior, se intente minimizar como una visita rutinaria es parte de la estrategia de negación de los problemas a la que el gobierno nacional nos tiene acostumbrados desde hace nueve años.
Pero la respuesta del vocero Alfredo Scocimarro se vuelve un estilete más clavado en la sangrante herida que la gestión de Cristina Fernández de Kirchner le inflige, cada vez que puede, al derecho de acceso a la información pública de todos los ciudadanos.
Los actos de los presidentes siempre son de interés público y sus decisiones, inherentes a los ciudadanos.
La respuesta del vocero oficial altera ese principio para ajustarse a la estrategia comunicacional del “relato oficial” benevolente construido para justificar los excesos del poder y las arbitrariedades del “modelo”.
La convocatoria a una “conferencia de prensa” -sin admisión de preguntas- en la soledad del senado el Jueves Santo demuestra que la crisis política que atraviesa el Gobierno es más fuerte de lo que se advierte
La explicación sobre la visita del presidente Mujica llegó en medio del silencio presidencial sobre la situación judicial del vicepresidente, Amado Boudou, por el caso Ciccone, extendiendo el manto protector del hermetismo presidencial como un velo de complacencia o complicidad. ¿Cómo podría explicar el vocero los hechos de los que fuimos testigos millones de argentinos durante la Semana Santa de 2012?
La convocatoria a una “conferencia de prensa” -sin admisión de preguntas- en la soledad del senado el Jueves Santo demuestra que la crisis política que atraviesa el Gobierno es más fuerte de lo que se advierte, pero también expresa el desprecio que desde el poder se tiene por la verdad y el derecho a saber de todos los ciudadanos.
La imposibilidad de formular preguntas acabó abruptamente con el insólito paso de comedia que desplegó el vicepresidente para acusar a otros y desligar su responsabilidad en infinidad de acusaciones y denuncias de confabulaciones en su contra. También terminó con el respeto por la libertad de expresión, la libertad de prensa y la valoración de la labor de los periodistas como pilar del sistema democrático.
En un país donde el ataque a medios y periodistas es moneda frecuente, muchos no se horrorizaron al escuchar las acusaciones del vicepresidente a los periodistas. Esbirros, esclavos, empleados de mafiosos fueron palabras repetidas en la letanía de su exposición.
Esos adjetivos ofenden a sus destinatarios, pero mucho más ofende a la sociedad la actitud de un gobierno que naturaliza el ataque a los periodistas, coarta la libertad de prensa promoviendo normas en contra de los principios constitucionales, no brinda conferencias de prensa ni acepta preguntas y, con todo esmero, obstruye la sanción de leyes fundamentales como la de acceso a la información pública o la de regulación transparente de la publicidad oficial en el Congreso Nacional.
En un país donde el ataque a medios y periodistas es moneda frecuente, muchos no se horrorizaron al escuchar las acusaciones del vicepresidente a los periodistas
La defensa de la libertad de expresión no es un debate ajeno ni un conflicto de intereses entre un gobierno y determinados medios, sino un derecho de cada uno de los habitantes de nuestro país. Brindar información pública y, por sobre todas, las cosas rendir cuentas es obligación de los gobernantes.
Nadie está exento del ojo escrutador de la ciudadanía ni fuera del alcance de la Justicia en una democracia sana, y eso justamente es lo que hoy se pone en debate.
Ya señalaba el juez Black hace más de cuatro décadas en un fallo de la Corte Suprema norteamericana sobre la filtración de “los Papeles del Pentágono” y la guerra de Vietnam en The New York Times: “Sólo una prensa libre y sin cortapisas puede expresar eficazmente su decepción por la actuación del gobierno”.
Un periodista que se anime a expresar hoy en la Argentina algo que no sea adulación hacia el Gobierno se convierte en esbirro, esclavo o enemigo de la patria.
Ante esta formidable presión cabe preguntarse: ¿hasta cuándo resistirán los que se siguen animando?
Buenos Aires 20 / 04 / 2012
La autora ex diputada de la UCR preside la Fundación LED (Libertad de Expresión + Democracia)