Debates presidenciales

 

 

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Por qué son importantes los debates presidenciales

El debate presidencial, una práctica tan común en los países democráticos más desarrollados, nunca tuvo lugar en nuestro país.

Bueno, es decir que los que se organizan en nuestro medio, para otras candidaturas, siguen un desarrollo muy básico y desordenado a pesar del orden artificial que se pretende imponer. Los candidatos sólo pueden transmitir conceptos generales; tienen un tiempo muy acotado para las respuestas; se los ve como corriendo una carrera para decir muchas cosas y lucirse, mientras una chicharra inunda el aire con la última frase que queda inconclusa. Se clasifican más que nada el conocimiento superficial del tema tratado, sus posturas o reacciones, la seguridad que transmite un líder

 Pero el debate presidencial es una gran oportunidad de transmitir su mensaje a un mayor número de personas y, en definitiva, es de eso de lo que se trata una campaña. Los obliga estudiar a fondo y aprender políticas al darse cuenta de que ya no cuelan sus frases trilladas con mentiras que sueltan en sus discursos.

Ante la complejidad de los temas que debe encarar un Presidente, debería organizarse en dos etapas, en un ámbito distinto y más importante, con la participación de no más de tres postulantes – los que tengan más intención de voto – y donde pueda tener lugar un verdadero intercambio de ideas. Sólo así se podrían llegar a profundizar más los contenidos de las propuestas para que el televidente se incline por una u otra.

La selección de las preguntas es fundamental ya que deben responder a los problemas más apremiantes que se detecten y se deberían dividir en grandes temas para facilitar la mejor comprensión del público. De ahí que sería interesante una participación de la sociedad en la formulación de inquietudes para presentar a los candidatos.

Esa comparación simultánea de los contenidos, es de un gran valor para la posterior elección del candidato donde, además, se pueden evaluar actitudes, expresiones, conocimientos, interés o desinterés por temas determinados, todas cosas que se transmiten con respuestas presenciales.

Un debate presidencial debería servir asimismo para constatar cómo los candidatos se avienen a interpretar los tiempos que vivimos frente a nuestras experiencias pasadas, la necesidad que hay de comprender la significancia de una convivencia civilizada, la posibilidad de lograr coincidencias que mejoren los comportamientos sociales y las actitudes de la dirigencia, el respeto al pluralismo de ideas y a las instituciones republicanas, la posibilidad de cambiar cuando las circunstancias demuestren la conveniencia de hacerlo para el bien común. .

Subidos al estrado, junto al resto de rivales, los candidatos están expuestos y los votantes los pueden juzgar en función de su conocimiento de la política y su capacidad de pensar y hablar Es un buen examen hacia la carrera presidencial y ayudan a revelar el carácter así como la talla intelectual de los aspirantes. Y las buenas actuaciones en los debates les dan la oportunidad de atraer nuevos seguidores, al tener la posibilidad de transmitir su mensaje a grandes audiencias que, de otra forma, quizás no hubieran alcanzado

Presenciar un debate con altura, civilizado donde se vea surgir una dirigencia firme en su actuar y respetuosa del adversario, que se proyecte con ideas para el largo plazo y para adaptarse a las necesidades de innovación permanente que requieren los tiempos que corren, sería como el ideal para elegir desde la platea. No se espera que en un debate se aclaren  todas las dudas, pero aceptarlo es como una muestra de respeto al pueblo, de exponerse a la mirada de los que siguen el discurso, cuando tanto puede decir esa mirada que se une al pensamiento.

Ver  de cerca a los candidatos como dando un examen ante los ciudadanos, es dar un paso adelante, el paso que nos faltaba. Son numerosos los países que sancionaron leyes para regular esas discusiones entre candidatos, basados en la necesidad de la ciudadanía de conocer qué piensan de quienes quieren gobernarla y el grado de convicción con que las desarrollan.

Pero lo cierto es que, como sociedad, no hemos internalizado nunca la importancia de contar con ese tipo de intercambios

Convencer a los candidatos de la importancia de confrontar ideas públicamente con sus contendientes electorales es una tarea que nos compete a todos. Los ciudadanos tenemos el derecho a conocer no sólo sus propuestas de campaña, sino de ver cómo las defienden ante quienes proponen cosas diferentes. Pero también tenemos el deber de exigirles ese acto de transparencia. En los países acostumbrados a este tipo de prácticas, la decisión de un candidato de rehuir el debate puede generarle un costo electoral altísimo. Deben comprender que el hecho de que haya cierto riesgo en los debates es un simple reflejo de los riesgos que hay en una campaña por lograr el puesto por el que compiten

 Quedan solo unos meses para saber si la Argentina ha madurado lo suficiente y es capaz de comprometerse claramente con este acto de calidad institucional. De ahí que esperamos con entusiasmo el debate presidencial 2015 en nuestro país

 

On julio 21st, 2015, posted in: Noticias by

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