¿Habrá, por fin, un presupuesto participativo en la Ciudad?

Luego de diecisiete años que los constituyentes de la Ciudad de Buenos Aires establecieran el carácter participativo del presupuesto, y que mediante ley se fijaran los procedimientos de consulta sobre las prioridades de asignación de los recursos -sin que hasta el momento esto se hubiere cumplido-, un juez de la Ciudad, en un fallo del 21 de noviembre, ordenó al Gobierno de la Ciudad que instrumente adecuadamente los procedimientos participativos de consulta sobre las prioridades de asignación de recursos que prevé la citada manda constitucional.

Lo que se está ordenando es que se ponga en marcha el presupuesto participativo. La Constitución de la Ciudad establece en su artículo 1° que Buenos Aires organiza sus instituciones autónomas como democracia participativa y en concordancia con ello prevé la participación ciudadana en numerosos aspectos de la gestión y crea también institutos que garantizan una plena participación de los vecinos, tales como el de audiencia pública, iniciativa popular legislativa, consulta popular no vinculante, doble lectura en el procedimiento de aprobación de algunas leyes, revocatoria de mandato y por supuesto la participación en la elaboración y seguimiento del presupuesto.

Pero, para que una democracia sea realmente participativa, deben institucionalizarse cada uno de los institutos de participación que fueron instaurados en la carta magna local. Los constituyentes locales se inspiraron para introducir el artículo 52 de la Constitución de la Ciudad en la experiencia de presupuesto participativo creada por el Partido de los Trabajadores en el municipio de Porto Alegre, Brasil. Dicha experiencia tuvo tal éxito que fue seleccionada por la ONU como una de las mejores experiencias de gestión municipal.

Permitir la participación de la ciudadanía en el diseño y ejecución presupuestaria implica empoderar a la comunidad y muy pocos gobernantes están dispuestos a eso. El hiperpresidencialismo que padecemos, con su consecuente verticalismo en la toma de decisiones, no es sólo un defecto del Poder Ejecutivo nacional: también los gobiernos de provincia y los gobiernos locales lo exhiben. La democracia parece que permitiera solamente el control a la hora de votar.

Se priva a la ciudadanía del sano accountability horizontal, que permite examinar y eventualmente sancionar las irregularidadesque se cometen durante la gestión de gobierno.

El presupuesto participativo es una valiosa herramienta de participación ciudadana que no todos los gobiernos se animan a promover. El Gobierno ganaría mucho en todo este proceso: obtendría consenso, legitimaría a diario la elección de las políticas que lleva a cabo y entablaría una relación más armónica con los ciudadanos. Habría una democracia participativa.

Diario Clarín: http://www.clarin.com/opinion/fin-presupuesto-participativo-Ciudad_0_1041495908.html

On diciembre 5th, 2013, posted in: Noticias by

Comments are closed.